creía que amarte sería una marca imborrable que ardería en mi piel cada vez que alguien más intentara tocarla; como un sello que, tal vez, nadie notaría, sólo yo en mi falta, al no desearlos a ellos como a vos o al no pensarlos como solía pensarte.
escribí tu nombre en papeles que regalé al viento, papeles que quemé, que empapé de mis lágirmas y que rocié de perfume esperando que el soplar del aire llevara a vos el desesperado deseo de recorrer mi cuello con tus labios como la primera vez.
gasté palabras, tantas, que hasta siento reconocer estas que escribo como si antes ya lo hubiese hecho. me aferré a la idea - idea no, certeza - que la consecuencia de aquel amor que duró tan poco sería un dolor eterno. más no.
había entregado ese dolor al universo en una especie de pacto, como si de un trato hablaramos, un trato que prometía intercambiar ese sufrimiento por la risa, un trato que sentenciaba que jamás volvería a reír como reía con vos a cambio de nunca más sufrir como me hiciste sufrir.
sin embargo, parece que el universo o Dios es más sabio y misericordioso que una joven dolida de 24 años y supo regalarme risas aún más estruendosas, que no se escondían dentro de estas 4 paredes, es más, las traspasaban hasta casi destruirlas. me regaló besos eternos y un fuego que parece nunca apagarse, me dió compañía, amistad y el regalo más valioso que es la seguridad, la paz de que suene impensado dudar siquiera un segundo sobre si estoy o no en el lugar correcto, que parezca idiota tan solo el pensar en mi presencia como algo prescindible. todavía estamos negociando con el universo tu ternura, pero no me molesta que eso aún te pertenezca.
fuiste inteligente y aunque me cuesta dar la razón, es toda tuya. porque te fuiste, y qué bien hiciste.
yo creí que nunca iba a olvidarte y hoy, si te nombran, no siento más que la presencia de un recuerdo muy muy lejano, como si hubiese sido otra vida aquella en la que te amé, otra Jazmín, una que yo no recuerdo. una que, tal vez, si alguna vez te permitís pensar en mí, vos conozcas mejor que yo, porque ahora sólo existe en tu memoria.
hoy creo que todo lo que pasó, todo ese dolor, ese odio y esa tristeza, fue un plan maestro para dejarme exactamente en el lugar en que estoy.
creí que no podría olvidarte y hoy no te recuerdo, el tiempo puede ser aliado o enemigo de la memoria. igual te guardo un pedacito de memoria para tu ternura, para no olvidar que hubo algo que valió la pena, y que todo lo que el universo me regaló es producto de aquella vez en que pensé que yendote me matabas, cuando en realidad me estabas salvando.
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