papá: 

a medida que veo gente, hombres grandes, intento imaginar qué cosas de ellos tendrías si hubieses llegado a envejecer. 
colecciono lineas de expresión y hago un recorrido por mí memoria para recordar las tuyas, para saber cuáles serían acordes a vos según los gestos que recuerdo que hacías. 
pienso si tendrías el pelo totalmente blanco o directamente no tendrías. 
si veo un señor con las mejillas rosas y arrugadas elijo creer que lleva parte de tu rostro en el suyo. 
me detengo en las arrugas que se forman al costado de los ojos de reír, cien por ciento segura que formarían, sin duda, parte de la extensa lista de arrugas que tendrías, si no hubieses muerto cuando tu piel aún no se había estirado lo suficiente. 
voy seleccionando, minuciosamente, bolsas de los ojos de los demás, para posarlas en el recuerdo que aún tengo de los tuyos y suelo detenerme en la frente de los otros, buscando entre los surcos, algo de una identidad que ya jamás tendrás.
veo cómo el tiempo consume los labios de los demás y decora con líneas su alrededor hasta casi hacerlos desaparecer: no desaparecen porque no están, desaparecen porque estuvieron demasiado. 
tus labios desaparecieron porque ya no estás, pero si estuvieras, creo que el tiempo hubiese hecho de ellos una línea fina, casi imperceptible, y hubiese colmado todo su alrededor de pequeñas líneas que no notariamos, porque un manto de vello blanco las taparía. 

voy recopilando sonrisas, algunas más blancas y otras más percudidas por la constante costumbre del mate en la mesa familiar, algunas completas y otras con piezas faltantes. pienso en cual quedaría mejor con tu rostro; con pliegues al costado y la gravedad tirando tu nariz hacia abajo. 
me pregunto si tus manos estarían repletas de arrugas o no, como cuando era chica y me quedaba toda la tarde en la pelopincho. pienso, tal vez, que debí grabar en mí memoria la última vez que jugamos en la pelopincho y tus manos se arrugaron. 

papá, voy buscando todo el tiempo formas de reinventarte en mí mente, para no crecer sola, para que crezcas conmigo; aunque suene absurdo, aunque sea un sinsentido, colecciono de todo aquel que me evoque algo de vos para rehacerte en mí cabeza como el padre que nunca serás, que es un padre vivo, viejo, arrugado, y quizá medio gagá. 
entiendo que el tiempo pasará sin pedir permiso y cuando quiera darme cuenta, tal cual como pasaron estos casi siete años, habrán pasado treinta y en el espejo encontraré las respuestas del padre que estoy buscando, en mí propia piel, siendo parte de mí. por el momento, me divierte jugar este juego donde te hago un collage y me acerco cada vez un poco más al padre que tendría en un mundo habitable, que sería un mundo en el que estás. 

Comentarios