siento tus labios, todo el tiempo, en todos lados, haciéndose presentes como la única certeza que tendré en la vida y es que nunca más volveré a besarlos
siento tus labios en mis oídos
cómo me hablan y dicen crueldades,
cómo traspasan mí carne y se desarman en sangre
siento tus labios en mí piel y siento una piel que hace rato no sentía, que es una piel que siente.
siento aún dormida tus labios acercándose a mi mejilla, posandose sobre ella con ternura y cuidado; como si de porcelana se tratara. el cuidado con que se tratan las cosas que uno ama.
siento tus labios afiebrados, hirviendo, en madrugadas eternas donde el amor oficiaba de doctor.
siento tus labios incluso una noche como esta, en la que sentí otros labios. siento tus labios aunque otros me besen y aunque otros, aún con más cuidado, aún con más ternura, los posen sobre mí mejilla.
siento tus labios de golpe y sin previo aviso; en esos días donde ya no te pienso. insisto en no hacerlo, no te pienso, pero siento tus labios aún besándome como si entre nosotros el tiempo fuera una mera formalidad.
siento tus labios como si pudiera reconocerlos en el gentío, como si el correr de la vida no te hubiese cambiado, como si no me hubiese cambiado a mí.
te olvido constantemente y te siento todo el tiempo. de a partes. un día tus labios, otro día tus brazos, algunas noches tus piernas enlazadas a las mías, por la mañana tu calor, de vez en cuando tus palabras. pero todo el tiempo estás, de alguna u otra forma, para recordarme que el olvido nunca existió.
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