me había ido lejos para no habitar el dolor, tan lejos que casi me olvido como volver. había encontrado una forma para que todo me toque pero nada me atraviese. como si toda yo estuviera abrigada por un manto impermeabilizante.
pensé palabras que negué hasta el punto de que jamás conocieron el papel, sentí angustias que llené con cualquier estímulo tan rápido como efectivo, y estoy repleta de tantos compromisos como para no poder detenerme siquiera un segundo a pensar.
porque cuando pienso, pienso de más. y me doy cuenta de cosas.
cosas que quiero no saber y cosas por las que nada puedo hacer.
y cuando pienso surgen deseos, deseos inconcebibles, surgen ansiedades imposibles de calmar. afloran necesidades y encuentro la perdida valentía que me invita a perseguir todo aquello que alguna vez me planteé, todo lo que quiero, si lo puedo tener, porque soy joven, capaz, etcétera etcétera.
me había ido lejos para no enfrentar la muerte; creí que parandome de la vereda de enfrente, viéndola desde afuera, la comprendería mejor. comprendería sus tiempos, sus motivos.
no fue así.
tenía tanto miedo que su encanto lúgubre tome por completo mí cuerpo que me desentendí de ella.
últimamente mí vida va saltando de un conflicto a una epifanía a un conflicto etcétera etcétera. no tiene sentido. no hay lógica. empezas hablando de una cosa y terminas en otra jazmín, pará.
Comentarios
Publicar un comentario