empezó el frio

supongo que el cuerpo recuerda cosas que la mente intenta ignorar. cosas como fechas, épocas, etcetera. 

pero está llegando el frío y yo te recuerdo a vos. te recuerdo como el frio más penetrante, el más helado de todos. recuedo de tal manera aquel frio abrumador que hasta siento que lo huelo. 

fue un frio tan paralizante que heló hasta mis narinas, y los jazmines dejaron de tener aroma. enfrió mis manos, y se perdieron las texturas, todo lo que me tocaba era liso y aburrido. congeló mis oídos y los compases dejaron de sonar. el frio heló mis tripas y todo dejó de tener sabor. tomó mi garganta por completo y mi voz perdió su fuerza. se apagaron los pajaros, se olvidaron las risas, y se desconoció el amor.

fue tal el frio que creí, por un instante, que el calor nunca había existido; lo habías inventado vos, y te lo llevaste cuando te fuiste. en un bucle de desesperación busqué reinventarlo de todas las formas posibles, me tapé con mil frazadas y me abracé a cuerpos helados, dejé que me tocaran manos algidas, que me recorran labios frigidos. me entregué a no sentir nada para dejar de sentir, aunque sea un segundo, tu ausencia. 

me perdí en el frio tratando de encontrarte, porque fue lo último que supe de vos. lo último que recibí. miradas sin emociones y palabras que decían todo menos lo que quería escuchar. me encantaría contarte qué es lo que quería escuchar, pero ni yo lo sé; no me importaba el contenido de tus palabras, me importaba la intención, quería que volvieras a hablarme como si quisieras hacerlo. quería emotividad en tu voz, quería que te trabes, que te pongas nervioso, o que se te escape un te amo, que rías o hasta que te enojes: quería saber que, así como todas tus acciones me atravesaban a mí, algo de mí lograba atravesarte. más no. 

el frio que sentía yo te había tomado a vos mucho antes. eras suyo, no más mio, nunca más mio. 

me temí capaz de inmolarme en la helada 

¿podés creer?

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