aterrada

no hablo mucho de vos, no porque no tenga nada por decir sino que siento que es un tema que se repite demasiado y siento que todo mí alrededor ya está cansado; yo también lo estoy, te escribí las más lindas palabras y creo que quizá no sirven más que para perpetuar el dolor que sentí o alimentar un ego. 

la cosa es que dejaste de ser un tema recurrente hace un tiempo y qué sé yo, podría decir que siento que lo superé. supongo que la terapia ayuda, me ayudó a salir, a seguir, a conocer gente. 
ahora (hace un tiempo en realidad) me rendí con eso de conocer gente porque no sé, no tengo ganas, quiero enfocarme en mí, etcétera. pero quizá sea mentira. 

porque yo estoy bien, muy bien, pero hay algo que nunca le dije a nadie y es que tengo miedo. y probablemente sea por eso que no quiero conectar con nadie. no me aterra que no me amen, o que me amen menos que vos, no me da miedo el rechazo ni que me rompan el corazón, tampoco tener malos encuentros o el sexo mediocre, mucho menos el sexo sin amor. no tiene que ver con eso. 

hay algo que evité pensar todo este tiempo y que entablar vínculos con gente me lo recuerda constantemente, y es este miedo del que hablo. 
tengo miedo porque, en el fondo, aún sin quererte, sin esperarte, sin pensarte, creo con certeza que soy yo la que no va a poder volver a amar. (ah re obvio que vos si podes volver a amar jkjjj metía suspenso la tipa ay adivinen quién de los dos no puede amar jazmín literalmente estás sola con tu gata hace 7 meses)
y es algo que no tiene nada que ver con alguien en particular más que conmigo misma; no importa si valiste la pena o si hay alguien mejor. soy yo la que lo siente y no desde el despecho, ni el dolor, ni ninguna de esas pelotudeces, lo siento adentro mío porque si, porque me conozco. 
no solo es ese miedo de nunca volver a amar, sino la sensación de que nunca nadie me va a conocer tanto. pero tiene que ver conmigo, porque yo nunca voy a tener tantas ganas de que alguien me conozca, me elija y me ame; y supongo que eso es para mí el amor, supongo que eso en mí cabeza es lo más importante, no que me ames más que todos en el mundo, ni que seas el mejor, ni que te desvivas por mí, para mí lo más importante fue haber llegado a tal nivel de enajenación con un otro que me termine por importar que me quiera como yo a él. osea, básicamente, que me importe la opinión de alguien más. siento que nunca más me va a volver a pasar. 
y es horrible y aterrador porque en estos contextos de desolación estar locamente enamorada quizá me ayudaría un poco. pero no, no puedo fingirlo, no puedo forzarlo. 

siento que está lejos de ser un sentimiento de desespero, al contrario, es más como una sensación de derrota, resignación. 
mi psicólogo siempre me habla del amor y me pregunta qué es, yo nunca sé bien qué responderle pero sé que todas mis respuestas van a estar mal; porque para él, y para toda persona lógica que se quiera a sí misma, el amor es un proyecto, no un acto individual. para mí no, el amor es lo que sentí la primera vez que hablamos y la última vez que te vi, y el dolor es resignarme a qué no importa si ese amor sigue existiendo, porque que no quieras recibirlo, lo destruye por completo. 
ese amor se destruyó, ya no existe, no te importa a vos, no me importa a mí. mí miedo es que, tal vez, si no queda más nada de ese amor, no quede tampoco más nada de ningún otro amor. y yo pierda para siempre la capacidad de amar. 
aún con gente que es tan pero tan capaz de amarme y que, por ahi, si pensara con la razón y no con toda la electricidad que no me recorre el cuerpo cuando se acercan a mí, sería capaz de construir cosas maravillosas. pero yo arquitecta no soy, y me importa más amar a que me amen. 

igual, yo le hago frente a mí psicólogo y defiendo que hay algo del amor que no tiene que ver con construir, que no se puede explicar, y es el magnetismo, dos bocas que son imposibles de separar y dos ojos que se buscan en la multitud, palabras diferentes que intentan llevarnos al mismo lugar, la necesidad de tu cuerpo apoyado al mío sin importar el calor que haga afuera y el juego que nos reencuentra con los niños que alguna vez fuimos. 
eso no se puede construir, te pasa o no te pasa. y cuando te pasa, y después te deja de pasar, qué sé yo si vuelve a pasarte. 
yo comí un danette después de 20 años y no es una explosión de sabores como lo fue la primera vez que lo probé a los 5 años. y quizá tenga que aceptar que el amor no se sienta nunca más como a mis 20s. 


Comentarios