si de algo debí despedirme en mi paso por el número 24 es de mi misma
sin duda un número que quedará para la historia; con un recorrido sinuoso, difícil, de a ratos imposible.
a mis 24 años había soñado una vida que era imposible; lo más increíble vino al darme cuenta que la vida que tenía era mejor que cualquiera que pudiese soñar.
a mis amigos, mi familia, mis mascotas, mi trabajo, las infancias que me rodean, los atardeceres, las noches de verano, las risas y los debates con amigos no los sueño, los vivo.
sí creo que no hay forma de que jazmín aprenda sin golpearse contra la pared y que la pared se me haya caído encima sin duda fue un antes y un después.
y si tuviera que soñar algo para mis 25, si algo deseara al soplar las velitas, sería dejar de aprender de la pérdida y aprender de todo aquello que tengo.
creo que lo estoy logrando, pero nunca más quisiera tocar fondo para comprender todo lo que es mío. quisiera agradecer todo lo que tengo aún cuando no lo necesite, cuando no sea un salvavidas.
y si pudiera seguir deseando porque por mandato cultural los deseos son 3, el segundo sería ser salvavidas de toda la gente que conmigo lo fue - o quienes no, también -, encontrar la manera de devolver todo lo que me fue dado.
y por último, mi tercer deseo para mis 25 años, prefiero regalárselo a alguien que lo necesite más.
dicen que la vida empieza después de los 25 (mentira, lo inventé yo), ampliaremos.
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