2024 es un año que no te deja escapar, al que no podes serle indiferente.
sería estupido hacer siquiera el intento de fingir que nada me toca lo suficiente cuando estoy tendida en el piso, partida a la mitad, sobre las huellas que dejó el paso del tiempo.
el 2024, un año que incendió todo a su paso y que fue imposible no arder en él.
tanto ardió que reavivo fuegos que creí extintos. por eso no podría reprocharle nada.
porque fue un año donde encontré cien motivos para escapar y mil más para quedarme. amigos que me esperan, destinos por descubrir, infancias en busca de juego, y familia que acompaña.
agradecer que las cosas pasen, aún aquellas que creí capaces de destruirme; agradecer todo lo que me atraviesa, porque lo transparente puede, a veces, ser contraproducente, pero lo opaco jamás será capaz de reflejar luz.
agradecer el movimiento, aunque de a ratos desestabilice. la quietud no siempre es calma.
y agradecer, sobre todo, que haya tantas razones por las cuales no escapar. porque que te esperen, que te llamen, que se preocupen, que se rían con vos, que te hagan sentir querida, es siempre el más grande privilegio.
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